Hoy habría sido un día de trabajo como uno cualquiera si no hubiera sido porque mis compañeras de prácticas me han convencido para visitar el edificio de la Comisión, en Schuman, después de la jornada. Aprovechando que nos quedan dos días de acreditación, hemos entrado al edificio como si lo conociéramos de toda la vida. Tras danzar por los pasillos y jugar un rato en los ascensores, que solo llevaban a un sinfín de laberintos sembrados de puertas azules, hemos dado con un photocall con dos banderas de la UE que nos ha entretenido durante, al menos, media hora.
Cuando nos íbamos, desanimados, hemos preguntado a una guardia de seguridad si nos podía mostrar las cabinas de los intérpretes. Para nuestra sorpresa, ella misma nos ha acompañado y nos ha hecho unas fotos en la sala de prensa, donde había bastantes cabinas (a las que no hemos podido entrar). Cuando nos ha dejado solos, hemos decidido ir a la sala Schuman, donde se celebran las reuniones más importantes.
En la sala, de forma ovalada, había un asiento para cada país, con un ordenador, una libreta y dos lápices con la punta bien sacada. Por supuesto, nos hemos hecho fotos con las banderas, con los carteles de los países, con los micrófonos... Habremos estado casi una hora dentro de esa sala, solos, Julia, Cristina y yo. Parecíamos verdaderos niños en el patio de un colegio. El mejor momento ha sido cuando Julia se ha dado cuenta de que las puertas de las cabinas estaban abiertas.
Cuando he entrado por primera vez en la cabina (¡una de verdad!) he sentido una sensación extraña, como si lo que estaba haciendo fuese algo que no esperaba que ocurriera. Ha sido verdaderamente imponente: ver la sala Schuman, que tantas veces había visto por la tele, a través de esa particular vitrina. Tras habernos hecho mil fotos (simulando interpretar), hemos decidido salir del edificio.
Pero bueno, esto es solo una anécdota. Hoy quería hablaros de algo que me ha contado Cristina, una de las chicas que estaba conmigo esta tarde. Es algo que me ha parecido muy interesante y que quizá vosotros ya hayáis probado. Me ha dicho que, cuando estudiaba interpretación en la universidad, ella grababa discursos que encontraba en Internet en la lengua extranjera y, después, los interpretaba. La idea me ha gustado por dos razones: una es que, de esta manera, se mejora la expresión oral y la comprensión en la lengua extranjera; la segunda es que, haciendo esto, cuentas con la baza de que ya has tenido contacto con el texto una vez antes de interpretar. Me ha parecido muy interesante como ejercicio.
Y hablando de ejercicios y de prácticas, hoy ya he tenido contacto con algunos futuros compañeros de máster del ISIT que tienen una combinación similar a la mía. Están ya pensando en hacer sesiones de entrenamiento en grupo la semana que viene. La verdad es que los veo muy motivados y eso me gusta. Es una buena señal. El lunes 3 de octubre empiezo las clases, a las 9.30 h. La primera clase, que durará casi todo el día, la dará una intérprete de la Unión Europea, precisamente. Estoy bastante nervioso. Aún tengo que sacar todas mis cosas de las cajas y las maletas que envié desde España y que no tuve tiempo de organizar antes de venir a Bruselas.
Para acabar con la entrada de hoy, me gustaría contaros algunas cosas que pueden serviros. Son consejos de Natalia, la jefa de cabina española del SCIC. Tenía que haberla visto esta tarde, pero una reunión retrasada a última hora me lo ha impedido, así que hemos hablado por teléfono.
Me ha explicado que existen dos mercados bien diferenciados: a) el mercado de las instituciones, donde lo que prima es el número de lenguas del intérprete y b) el mercado privado, donde lo importante es tener un buen retour. En lo referente a las instituciones, Natalia dice que la combinación reina sigue siendo EN+FR+DE, y que la ideal para presentarse a uno de los concursos de la Unión Europea sería hoy por hoy EN+FR+DE+otra lengua de Europa del Este (como el polaco o el búlgaro).
Lenguas como el croata, de países que se adherirán a la Unión próximamente, son también una buena inversión. Eso sí, también es verdad que hay gente que apostó por el noruego o el turco y, después de mucho esfuerzo, no obtuvieron la recompensa que se merecían. Y es que la vida da muchas vueltas, y lo que un día parece claro, al día siguiente no lo parece tanto.
Tenemos que trabajar mucho y no perder nunca la motivación. Esa es la clave, no lo olvidéis. Estéis donde estéis, espero que tengáis mucha suerte en vuestras empresas para este curso que empieza.
Bon courage !
